It's not a lack of love, but a lack of friendship that makes unhappy marriages.
Amar a alguien no significa necesariamente poder construir una vida con esa persona. Podemos sentir una conexión extraordinariamente intensa, desear su presencia, extrañarla cuando no está y aun así descubrir que nuestras formas de entender la confianza, el compromiso o la vida cotidiana son incompatibles. El sentimiento puede ser completamente genuino mientras la relación resulta inviable, una contradicción incómoda porque solemos esperar que el amor contenga, por sí mismo, todo lo necesario para justificar una relación.
Quizá por eso me interesa la distinción que aparece en la frase atribuida a Nietzsche. Una relación necesita algo que la intensidad emocional no siempre proporciona: amistad, complicidad y la capacidad de convivir con una persona cuando desaparece momentáneamente todo aquello que hacía extraordinario estar enamorado. El amor puede explicar por qué queremos permanecer cerca de alguien, pero no necesariamente nos enseña cómo permanecer.
Hay amores que llegan como un impacto y alteran nuestras prioridades con una intensidad difícil de ignorar, mientras otros se construyen mediante una acumulación mucho menos cinematográfica de conversaciones, silencios, problemas resueltos y días completamente ordinarios. Ambos pueden ser importantes, aunque la intensidad con la que comienza una relación dice bastante menos de lo que solemos imaginar sobre aquello que podrá sostenerla después. Que alguien consiga hacernos sentir extraordinariamente vivos demuestra que puede afectarnos profundamente; todavía no demuestra que podamos compartir una vida.
世上本无事,庸人自扰之
Shì shàng běn wú shì, yōng rén zì rǎo zhī
"En el mundo originalmente no hay asuntos, pero los mediocres se los crean a sí mismos".
También existe cierta tendencia romántica a pensar que, cuando un amor es verdadero, debería sobrevivir a la distancia, al tiempo o a cualquier circunstancia. Me gustaría que las relaciones humanas fueran así de ordenadas, pero probablemente no lo sean. Hay vínculos profundos que desaparecen, personas que alguna vez fueron indispensables y progresivamente dejan de formar parte de nuestra vida, y relaciones sinceras que simplemente no consiguen sobrevivir a aquello que ocurre después.
Eso no convierte retrospectivamente el amor en falso. Quizá hemos asociado demasiado fácilmente duración con autenticidad, como si una relación necesitara ser eterna para demostrar que alguna vez fue importante. Algunas personas permanecen y otras no, pero ambas pueden modificar nuestra historia. Las fotografías, los lugares compartidos, determinadas canciones o incluso pequeñas costumbres pueden conservar algo de una relación mucho después de que la relación misma haya dejado de existir, no porque exista una conexión invisible que obligatoriamente mantenga unidos a quienes alguna vez se amaron, sino porque la memoria también forma parte de la manera en que una persona continúa influyendo sobre otra.
El amor significa que aceptas a una persona con todos sus fallos, estupideces, puntos feos y, sin embargo, ves la perfección en la propia imperfección.
Aquí tengo una pequeña discrepancia. No estoy seguro de que amar consista en encontrar perfección dentro de las imperfecciones de otra persona. Algunas imperfecciones siguen siendo profundamente molestas después de enamorarnos, y probablemente sea mejor que así sea. Idealizar los defectos de alguien puede resultar romántico durante un tiempo, pero conocer realmente a una persona exige algo bastante menos conveniente: verla con suficiente claridad para reconocer aquello que admiramos y aquello que nos cuesta soportar.
Aceptar tampoco significa tolerarlo todo. Hay defectos con los que podemos convivir, otros sobre los que podemos trabajar juntos y algunos que eventualmente hacen imposible una relación. Amar a una persona no debería obligarnos a convertir cualquier comportamiento suyo en una peculiaridad adorable. El refugio que puede ofrecer una relación aparece precisamente cuando podemos mostrarnos imperfectos sin necesidad de fingir que nuestras imperfecciones carecen de consecuencias.
La vulnerabilidad importa precisamente por esto. Permitir que alguien conozca nuestros miedos, contradicciones y aspectos menos presentables implica concederle información que podría utilizar para comprendernos o para hacernos daño. Con el tiempo, una pareja aprende qué palabras tranquilizan y cuáles pueden destruir una tarde entera. La intimidad contiene inevitablemente ese riesgo. Confiar en alguien consiste, hasta cierto punto, en permitirle acercarse a lugares que normalmente protegemos y descubrir progresivamente que no necesita utilizarlos contra nosotros.
Tampoco creo que amar sea simplemente una "elección diaria". Hay algo de elección en cuidar una relación, pedir perdón, cumplir acuerdos o permanecer durante períodos difíciles, pero no podemos decidir sentir cualquier cosa indefinidamente. En ocasiones uno puede hacer todo correctamente y aun así descubrir que una relación terminó. La voluntad importa, aunque tiene límites, y reconocerlos me parece más razonable que convertir la permanencia en la prueba definitiva del amor.
Lo que sí elegimos con bastante frecuencia es qué hacemos con aquello que sentimos. Podemos querer a alguien y tratarlo mal, del mismo modo que podemos atravesar momentos de menor intensidad emocional y continuar cuidando una relación porque existe amistad, respeto, historia y un proyecto que todavía consideramos valioso. Ahí aparece precisamente aquello que la emoción inicial no puede garantizar por sí sola.
Por eso entiendo el amor menos como un refugio donde finalmente encontramos a alguien que nos acepta exactamente como somos y más como una relación en la que dos personas pueden conocerse progresivamente sin que ese conocimiento destruya necesariamente el afecto. No siempre ocurre. Tampoco debería ocurrir a cualquier costo. Pero cuando ocurre, hay algo particular en descubrir que alguien conoce nuestras virtudes sin idealizarnos, nuestros defectos sin romantizarlos y aun así encuentra razones suficientes para continuar construyendo algo con nosotros.
No sé si amar siempre vale la pena. Hay amores que pueden hacernos mejores y otros de los que probablemente deberíamos aprender a salir. Lo que sí creo es que amar bien exige algo más difícil que encontrar perfección en otra persona: verla con cierta claridad, permitir que también nos vea y descubrir qué podemos construir después de que ambos hemos dejado de ser una idea.



